El libro de las proporciones


Una vez que la figura de Buda comenzó a representarse con forma humana, debían de seguirse unas pautas específicas que permitieran seguir una uniformidad evitando que cualquiera pudiera añadir, inventar o recrear la imagen.  Lo más importante era transmitir el mensaje fundamental del budismo a través de la imagen de su creador con un rostro sereno que reflejaba la ecuanimidad y no violencia a la que se accede mediante la práctica de la meditación.

El libro de las proporciones que os presentamos es del siglo XVIII y se encuentra en The Getty Research Institute en los Ángeles (California) y consta de 36 dibujos a tinta que muestran las directrices iconométricas precisas para representar las figuras de Buda y de los Bodhisattvas. Escrito sobre lino con las tapas de madera en caligrafía newari con números tibetanos, fue producido en Nepal para su uso en el Tíbet.

Las 114 laksanas (32 características principales y 82 opcionales) son las directrices que se deben seguir para que la figura de Buda sea correctamente representada.

 

 

Entre ellas  las más importantes son:

    1. Sus perfectas proporciones en el rostro, siempre recta y mirando de frente.
    2. El nimbo o aureola de santidad en torno a la cabeza.
    3. El moño o uşņīśa, que evoca el ascetismo de los renunciantes.
    4. La ūrņā, una marca en el entrecejo, que también recibe el nombre de tercer ojo y que hace referencia a su capacidad de visión trascendental.
    5. Los lóbulos de las orejas alargados, recuerdo de la gran cantidad de joyas que de ellos colgaban en su vida como príncipe y a las que renunció para dedicarse a la vida ascética. Simbolizan la riqueza espiritual.
    6. Los ojos entornados.
    7. Una suave sonrisa en sus labios.
    8. El cuello lleno de pliegues, que simbolizan la serenidad y la paz interior.
    9. Largos dedos de las manos y de los pies siempre descalzos.
    10. Marcas de ruedas en la palmas de sus manos y pies.
    11. Largos brazos que le llegan hasta las rodillas.

 

 

Si aparece sin vestidura, los órganos genitales están siempre cubiertos por una tela. Si la imagen de Buda se representa sentado en un trono como en la primera imagen (figura.1), es para recordarnos los sutras y los mudras de sus manos simbolizan el tipo de enseñanza. En la figura.2 aparece sentado (es la más común de sus representaciones) en la postura del loto.  Aquí quiere recordarnos que es la meditación el medio para llegar a la iluminación.

Los seres humanos estamos proporcionados de forma que la longitud de los brazos extendidos es la misma que la altura total del cuerpo.  En esta imagen vemos cómo justo en el centro se flexionan las piernas en la postura del loto para realizar la práctica de la meditación. En la figura de Buda, estas medidas son aplicadas con una exactitud geométrica.

En el libro también aparecen otras deidades y cómo deben ser dibujadas.  Aquí aparece Avalokiteshvara en una de sus múltiples representaciones de 11 cabezas y 10 brazos.  En Tibet es conocida esta deidad como Chenrezing y es el Bodisatva de la Compasión.  Los diez rostros adicionales son para representar las 10 direcciones o planos de la existencia.  Dos palmas de sus manos están juntas sobre el corazón y el resto están hacia afuera con un mudra sosteniendo diferentes objetos simbólicos como la jarra que contiene néctar, la flecha y la flor de loto.

En el caso de Tara, la cabeza tiene una ligera inclinación lateral y son visibles algunos de sus atributos femeninos.  Siempre se representan con coronas, brazaletes y otras joyas y sobre tronos de flores de loto.

 

 

 

 

También en el libro vienen especificadas las proporciones de las deidades que se presentan de pie y las manifestaciones airadas o furiosas como los protectores del Dharma.

 

 

 

Incluso da pautas para las imágenes de los monjes de la Sangha, que llevan el pelo rasurado, los pies descalzos y sus rostros son serenos pero no aparecen nunca de frente, siempre en posturas de semi-perfil, ligeramente ladeadas sus cabezas en señal de respeto y humildad.                         

Dedica también unas páginas al paisaje y se explica cómo deben ser la nubes de los cielos, los vientos, las montañas y los ríos que aparecen tras de las deidades.

Espero que todos se hayan beneficiado contemplando esta preciosa joya del arte budista.

 

 

 

Manuela Echániz Rodriguez

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