La importancia del idioma tibetano

Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.” — Ludwig Wittgenstein

La forma en la que nos expresamos y las palabras que utilizamos para ello crean el marco de la realidad en la que nos movemos. Desde cómo saludamos a cómo agradecemos a otros, cómo mostramos afecto o cómo expresamos nuestro dolor, las palabras siempre han tenido una importancia crucial en nuestras vidas, creando la estructura sobre la que moldeamos nuestro mundo y nuestras emociones, dando lugar a una realidad compartida con aquellos a los que transmitimos nuestros pensamientos. Pensemos, por ejemplo, en la gran variedad de niveles de cortesía en el idioma japonés o en la famosa precisión con la que los inuits distinguen muchos matices del blanco.

Ludwig Wittgenstein expresó “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo” dejando clara la importancia del lenguaje, no solo como forma de comunicación de lo que pensamos y sentimos, sino también como límite de lo que podemos llegar a conocer o pensar. Cada idioma guarda en su interior un conjunto de reglas por las que una cultura entiende el mundo, y aprender un idioma nuevo abre la mente a nuevas formas de pensar, de entender las cosas. Son estas nuevas perspectivas las que logran sacarnos de nuestro habitual sesgo intelectual para desafiar nuestros límites, enseñándonos que existen innumerables formas de interpretar el mundo más allá de nuestra experiencia.

El idioma tibetano es un reflejo de una sociedad muy rica culturalmente, donde el budismo impregna todos los ámbitos de la vida diaria y convierte su filosofía en una realidad práctica. Al aprender su idioma nos sumergimos en su visión del mundo, para comprender cómo los conceptos no solo se definen, sino cómo se viven. Por ejemplo, en lugar de decir “me he enfadado”, un hablante de tibetano dirá algo como “se me ha subido el viento”. Esto se debe a que no identifican el yo con las emociones, sino que entienden que éstas son estados pasajeros que surgen y desaparecen de manera natural, como el viento que sube o baja por nuestros canales de energía.

Banderas de oración tibetanas

De esta forma, al adentrarnos en su idioma podemos ver la riqueza y profundidad de todos los conceptos que alberga. A continuación veremos tres ejemplos para ilustrar esto con los conceptos clave de Buda, Dharma y Sangha:

  •  Buda: Aunque el término original proviene del sánscrito, en tibetano se dice Sangye (སངས་རྒྱས). Sang significa “el que elimina todas las negatividades”, y Gye, “el que posee todo el conocimiento”, dándole una mayor profundidad al concepto y entendiendo a un buda como “aquel que ha eliminado todas las negatividades y que posee todo el conocimiento”.
  • Sangha: Para designar a la comunidad de practicantes budistas, en tibetano se utiliza Gedún (དགེ་འདུན་). Ge significa “buen trabajo o acción correcta”, y Dun, “intención o aspiración”, dando vida al concepto de “aquellos que solo aspiran a hacer lo correcto”.
  • Dharma: Este término, que hace referencia a las enseñanzas del Buda, se expresa en tibetano como Choe (ཆོས), que significa literalmente cambiar y mejorar.

    Esta estrecha relación entre el idioma tibetano y el budismo no es casualidad. Ya en el siglo VII, el rey Songtsen Gampo impulsó la llegada de esta tradición al Tíbet al enviar eruditos a la India para traducir los textos originales del sánscrito. Para responder a esta necesidad, se creó el alfabeto tibetano y, tras un riguroso proceso de estudio, se lograron traducciones de una fidelidad excepcional. Posteriormente, a estas obras se sumaron los comentarios y enseñanzas transmitidos directamente en tibetano por grandes maestros, como Padmasambhava y Lama Tsongkhapa.
    Es por ello que el tibetano es un idioma muy preciado que guarda la sabiduría ancestral de tantísimos maestros. Aprender tibetano no es solo una forma de abrir nuestra mente, profundizar en nuestra práctica y en nuestro entendimiento de la realidad, sino también una valiosa contribución a que este legado tan precioso no se pierda en el tiempo.
    Además, nos brinda la oportunidad de acercar al mundo textos que aún esperan ser traducidos desde su fuente original y que así muchas más personas se beneficien de tan valiosas enseñanzas.

     

    Claudia Lorenzo Palenzuela (sin IA)

    Letras tibetanas dando la bienvenida al Monasterio de Sera, Tibet