La Medicina Tradicional Tibetana es un sistema médico que se basa en la premisa de que todo ser viviente busca la felicidad y superar el sufrimiento.

El origen de ese sufrimiento no es otro que la ignorancia, nuestra incapacidad de comprender, de aceptar la realidad que vivimos. Nuestra percepción errónea condiciona el mundo que experimentamos, y con ello nuestra propia salud y bienestar. Es, por lo tanto, un sistema médico integral en el que cuerpo (mundo físico) y mente (psicología) están íntimamente relacionados.

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Salud y enfermedad

Para poder comprender el concepto de salud y enfermedad, debemos considerar que todo ser viviente es un todo integral, en el que mente y cuerpo están interrelacionados.

Toda persona presenta una constitución que viene determinada por sus energías vitales, o nyepas: viento, bilis y flema, que controlan los procesos fisiológicos y mentales.

La salud procede del equilibrio de estas tres energías vitales, un equilibrio que permite el adecuado funcionamiento del cuerpo. En un cuerpo sano, las tres energías llevan a cabo las funciones necesarias para el sostén y vitalidad del mismo.

Se habla de enfermedad o desorden cuando esos elementos de desequilibran (en defecto, exceso o estado alterado). En ese caso, las tres energías toman el papel de aflicciones o venenos mentales, fomentando la aparición de la enfermedad. Estos tres venenos mentales, apego, ira y engaño están relacionados por su naturaleza con los tres humores, viento, bilis y flema respectivamente. Cada uno de ellos es la causa/origen de las enfermedades relacionadas con su humor o energía vital correspondiente.

Relación mente y cuerpo

Una mente en desequilibrio supone una circulación inadecuada de la energía viento, a la que va asociada. Ello conlleva que las otras dos energías principales, bilis y flema, se vean afectadas. Unas energías en desequilibrio suponen una alimentación de los órganos de nuestro cuerpo irregular, y, por tanto, un perjuicio para el cuerpo físico.

De igual forma, un cuerpo físico en desequilibrio, supone que las energías que por él se mueven no estén equilibradas, afectando así a la mente.

Un médico para lograr la salud del paciente deberá restablecer el equilibrio del sistema.

Diagnóstico y Terapias

El médico tibetano tiene a su disposición una serie de diagnósticos que le permiten evaluar el problema que aqueja al paciente, y, en base a la naturaleza del mismo (procedente de su constitución) y los síntomas que percibe, establecer un tratamiento. Este tratamiento es una solución integral que puede incluir hierbas medicinales, orientación sobre dieta y comportamiento, y en ciertos casos terapias externas como masaje, u otros tratamientos.

En conclusión, este acercamiento al paciente, hace de la medicina tradicional tibetana un remedio personalizado en cada caso, y una implicación por parte del doctor con su paciente, de forma que ambos actúan como seres simbióticos.

La medicina tibetana trata el desorden en la salud en todos los campos: físico, psicológico y psicosomático. Y su sistema médico comprende el estudio y tratamiento de la enfermedad desde el nacimiento hasta la muerte.