Tu naturaleza interior


TU NATURALEZA INTERIOR: la mente y sus funciones

Enseñanzas orales de Gueshe Tamding Gyatso por Isidro Gordi. Ciutadella de Menorca: Amara, 2013. 147 pág.

Tu naturaleza interior

Este es un libro eminentemente técnico y como tal, conviene darle varias vueltas. De hecho, está en la bibliografía recomendada en el Programa de Estudios Budistas en el curso “Educando Emociones”.

En el prefacio el autor nos señala las fuentes que ha utilizado para desarrollar su tema, que son las enseñanzas orales de Gueshe Tamding Gyatso unidas a lecturas de varios libros clásicos traducidos al inglés. También nos dice como “ los textos clásicos budistas del estudio de la mente son precisos, exquisitos en su presentación y rotundos en cuanto a las descripciones y definiciones en todos sus aspectos. Precisamente por esto, pesar de ser apasionantes, resultan difíciles de abordar”. Por último, nos indica su intención de hacer estas enseñanzas más accesibles y cercanas al estudiante budista moderno, así como su aplicación en el día a día, “porque conocer la mente nos hace menos vulnerables ante sus veleidades”.

El libro puede dividirse en dos partes. En la primera parte el autor estudia la mente y los factores mentales y en la segunda parte estudia cómo funciona la mente. Primeramente explica la mente desde un punto de vista psicológico, presentando el plano de nuestro mundo interior y sus peculiaridades, para seguidamente abordar el análisis de la parte cognitiva o epistemológica, es decir, de cómo percibimos la realidad que nos envuelve y qué tipo de percepciones podemos considerar válidas y cuáles no. Propone también el modo de desplazarnos desde las visiones erróneas  hasta la, así llamada, visión correcta o vacuidad.

La introducción también resulta muy interesante y en ella se nos explica que uno de los principios fundamentales que presenta el budismo es que la alegría, el dolor, la felicidad y el sufrimiento, dependen de nuestra mente.

Una de las principales revelaciones del Buda es que nuestra mente crea la realidad que nos envuelva.

Todos nuestros actos vienen creados por la mente y son responsables de las experiencias que vivimos. Las experiencias cotidianas no ocurren por casualidad, ni son producidas o enviadas por un ser omnipotente, sino que son el resultado de nuestra propia mente. Conocer la mente nos interesa, tanto para entender sus instintos y reacciones como para influir de una manera consciente en nuestra situación personal y en el mundo. Un análisis profundo de la propia mente resulta imprescindible si queremos conocer su naturaleza, y lo que es más importante, para detectar la enfermedad congénita que padecemos como seres humanos: las emociones aflictivas,  los engaños mentales. Una correcta comprensión de la mente, en última instancia, nos abre la puerta a la liberación. Como dice una famosa escritura budista: “Cuando comprendas tu propia mente te convertirás en un Buda; no busques la budeidad en ninguna otra parte”.

La primera parte comienza con una definición de la mente como algo impermanente, que refleja y conoce objetos, pura en esencia (transitoriamente recubierta por emociones aflictivas), que consta de tres niveles (burdo, sutil, más sutil). Nos indica la definición clásica: “ La mente es aquello que carece de forma, es claridad, y tiene la capacidad de conocer”. La mente, como motor de toda nuestra actividad, puede dividirse en dos grandes categorías: mentes primarias y mentes secundarias o factores mentales. La mente primaria tiene la misión de percibir los aspectos generales del objeto. Las mentes primarias son seis: consciencia visual, consciencia auditiva, consciencia olfativa, consciencia gustativa, consciencia corporal o del tacto y consciencia mental. Las consciencias sensoriales son exclusivamente perceptivas, mientras que la consciencia mental puede ser perceptiva o conceptual. A veces va acompañada de factores conceptuales como el discernimiento, el aprecio, la inteligencia, la concentración y algunos otros. Todas las mentes primarias van, indefectiblemente, acompañadas de los llamados cinco factores omnipresentes: La intención, que es la que dirige la mente hacia el objeto; la implicación atenta que se mantiene en él; el discernimiento que clasifica, discierne el objeto y permite recordarlo más tarde; el contacto que conoce su calidad de agradable, desagradable o neutro y, por último, la sensación que es la mera experiencia de bueno, malo o indiferente.

La función de los factores mentales consiste en relacionarse con las características específicas del objeto. Una mente primaria desprovista de factores mentales no puede conocer un objeto y viceversa. La mente no podría funcionar sin los factores mentales. A continuación hace una presentación clásica de los cincuenta y un factores mentales, agrupados en seis categorías: Los cinco factores mentales omnipresentes; los cinco factores mentales que determinan el objeto; las seis emociones aflictivas raíz; las veinte emociones aflictivas secundarias; los factores mentales variables y los once factores mentales virtuosos. Toda la primera parte del libro se dedica al estudio y análisis de estos estos factores mentales. Así mismo, nos dice que a lo largo del día experimentamos todo estos factores, y es necesario identificarlos con precisión para saber cuáles abandonar y cuáles potenciar. La esencia de la práctica del dharma consiste en esforzarnos al máximo por desprendernos de factores mentales negativos y promover todo lo posible los positivos y, en este sentido, el estudio de este libro no es sólo la exposición de una teoría filosófica, sino una instrucción útil y productiva para incorporar a nuestra práctica cotidiana. El autor también nos indica que una experiencia espiritual no se consigue desarrollando las consciencias sensoriales: el estudio intelectual es la plataforma para tener acceso a la experiencia, pero al conocimiento debe sumársele un buen corazón. Que una práctica espiritual sea auténtica y eficaz depende enteramente de nuestra actitud interior. Nos dice que para llegar a la iluminación es necesario comprender cómo funciona nuestra mente, es preciso estar familiarizado con la definición, la función y la división de cada uno de los factores mentales y tipos de mente. Esta forma de estudio es común a todas las tradiciones budistas, pero debe ir siempre unida al deseo sincero de evolucionar espiritualmente para poder ayudar a los demás.

Solamente añadir que la segunda parte del libro se hace más complicada, y para comprenderla bien será necesario realizar varias lecturas, hasta entenderlo correctamente.

Claudia Corrales Lantero

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