Política y Medioambiente: Una entrevista.

Dalai Lama: En general, considero que las leyes deberían servir como pautas para el uso apropiado de la iniciativa, la creatividad y la capacidad humana. 

Fabien: ¿Cree que la democracia está ayudando a que las leyes evolucionen en ese sentido? 

Dalai Lama: Sí. En los países democráticos, los sistemas legales deberían trabajar en esa dirección y en general lo hacen. Pero estas leyes, sin embargo, contradicen parcialmente el principio budista de la interdependencia, ya que no incluyen «derechos democráticos» para el medioambiente y para el reino animal. La mayoría de los sistemas legales se refieren solo a los derechos humanos y no tienen en consideración los derechos de los animales u otros seres con los que compartimos el planeta. Las leyes que protegen los derechos y valores humanos y que indican las maneras adecuadas de emplear el talento humano no están en contradicción con el karma o la causalidad. 

En realidad, el problema es que para la mayoría de la gente «poderosa» hay diferencias entre el principio de la ley y su aplicación. Casi todos los sistemas legales condenan el asesinato. Esta noción la podemos encontrar en la mayoría de los países del mundo. Pero en la práctica, las personas poderosas tratan el asesinato igual que tratan la mentira. Para los políticos, las mentiras pequeñas están prohibidas, pero las mentiras grandes son aceptables. Para un budista, esta es una contradicción muy obvia. Lo mismo ocurre con el acto de matar. Cuando un hombre está desesperado, mata a otra persona y definimos ese acto como asesinato. Está mal. ¡Pero el hombre que mata o da órdenes para matar a miles de personas es un héroe! Esta forma de ver las cosas es muy desafortunada.  

La mayoría de los sistemas religiosos condenan el asesinato, la violación y el robo. En mi opinión, los principios religiosos están basados en las actitudes y sentimientos naturales de los humanos. Su función esencial es inspirar a los seres humanos a desarrollar cualidades básicas humanas. Por consiguiente, parece lógico que la mayoría de las leyes sean congruentes con los principios del karma positivo. Pero para que las leyes religiosas y seculares se adecúen a los principios de la interdependencia, necesitamos ampliar nuestra perspectiva para incluir en ellas la protección del medioambiente y del reino animal. Así es como podemos aplicar la visión budista de la interdependencia a una visión más amplia de la ley y el orden. 

Dalai Lama: […] En cualquier caso, todos los especialistas en recursos naturales con los que he hablado me han avisado de que esta brecha entre ricos y pobres debería reducirse. Actualmente, hay en torno a cinco mil quinientos millones de seres humanos en la Tierra. Si el nivel de vida de los habitantes sureños se elevara hasta alcanzar el nivel que en este momento disfrutan los habitantes del norte, ¿qué pasaría con los recursos naturales del mundo? Esta situación no sería sostenible. China, por ejemplo, tiene una población de 1,2 mil millones de personas. Si cada familia tuviera dos coches, el daño medioambiental sería inimaginable. En la India viven 900 millones de personas.

El concepto occidental de aumentar el PIB cada año debe cambiar, y rápido. Ese principio en sí mismo contradice todas las leyes naturales y lógicas.

Fabien: ¿Cree que los occidentales deberían también tener menos coches?

Dalai Lama: Desde luego. Necesitan desarrollar un sentido de contentamiento y más consideración hacia los demás. Las cosas deberían hacerse de una manera más justa e igualitaria. Mientras tanto, la cuestión sobre los métodos anticonceptivos también debe ser abordada. Los países del sur deben frenar su crecimiento demográfico.

Fabien: Un control de la natalidad eficiente depende del nivel de vida. Cuanto más acceso tienen  las mujeres a la educación, menos niños tienen, hablando estadísticamente. Así que, la educación parece la mejor manera para frenar la explosión demográfica.

Dalai Lama: Eso está muy bien. Pero, ¿qué educación? Si te digo la verdad, creo que lo primero que los habitantes del sur deben reconocer son las consecuencias negativas que los actuales conceptos occidentales tienen sobre la vida y la economía. Tenemos que corregir o remodelar esta creencia errónea sobre el valor de un PIB en constante crecimiento.

Asimismo, aunque algunas fábricas e industrias están ahora adoptando nuevas maneras de proteger el medioambiente, los norteños están infligiendo mucho daño al medioambiente mundial. Esto me da pie a decir que, desde un punto de vista global, el dinero producido por las regiones del norte carece de valor en buena medida.

A comienzos de este siglo XX, todos pensaron tontamente que los recursos de la naturaleza eran ilimitados y a disposición de la humanidad. A día de hoy, la influencia del pensamiento ecologista llega incluso a los partidos políticos. Todos estos cambios surgen de la experiencia que hemos adquirido como seres humanos. De igual manera, el concepto de los derechos humanos, ya sean individuales o generales, así como el derecho de autodeterminación para un grupo determinado, ha evolucionado. Estas ideas son ahora reconocidas universalmente. Tal progreso me da esperanza para el futuro.

Fabien: ¿Cree que un individuo puede cambiar el mundo?

Dalai Lama: Sí.

Fabien: En ese caso, lo mejor que se puede hacer es empezar por intentar mejorarse a uno mismo.

Dalai Lama: Parece bastante sencillo.

Primero, es importante que nos demos cuenta de que somos parte de la naturaleza. Al final, la naturaleza siempre será más poderosa que los seres humanos, incluso con todas nuestras armas nucleares, equipamiento científico y conocimiento. Si el sol desaparece o la temperatura de la Tierra cambia unos cuantos grados, entonces estaremos realmente en problemas.

A un nivel más profundo, deberíamos reconocer que, aunque somos parte de la naturaleza, podemos controlar y cambiar las cosas hasta cierto punto debido a nuestra inteligencia. Entre las miles de especies de mamíferos sobre la Tierra, los humanos tenemos la mayor capacidad para alterar la naturaleza. Como tal, tenemos una doble responsabilidad. Moralmente, como seres de inteligencia superior, debemos cuidar de este mundo. Los otros habitantes del planeta, insectos y demás, no tienen los medios para salvar o proteger al planeta. Nuestra otra responsabilidad es revertir la seria degradación medioambiental, fruto de un comportamiento humano incorrecto. Hemos contaminado imprudentemente nuestro mundo con químicos y desperdicios nucleares y hemos consumido egoístamente muchos de sus recursos. La humanidad debe tomar la iniciativa de reparar y proteger el mundo.

Por supuesto, cuando decimos “humanidad” o “sociedad”, es obvio que la iniciativa debe venir de los individuos. Es incorrecto esperar a que nuestros gobiernos, o incluso Dios, nos marquen la dirección en estos asuntos.

En realidad, soy bastante optimista.

Tomemos el ejemplo de los problemas ambientales. Los científicos y las asociaciones que defienden el medioambiente han informado repetidas veces sobre los problemas ecológicos que afronta la Tierra, como el calentamiento global o la contaminación generalizada de nuestra agua y de nuestro aire. Hoy día, la conciencia sobre esto está creciendo por todo el mundo. Nuevas técnicas están evolucionando para que podamos evitar la contaminación sin cambiar por ello el proceso de la industria ni de la economía. Durante una reciente visita a Estocolmo, mis amigos de allí me dijeron que los peces prácticamente desaparecieron de un río cercano diez años atrás. Ahora están regresando, simplemente porque las plantas industriales que se encuentran a lo largo del río han hecho algún esfuerzo por proteger el medioambiente. En otras palabras, han sido capaces de mejorar la situación sin destruir la industria.

Estuve hace poco en la región del Ruhr en Alemania, que es un centro industrial. Una gran empresa me enseñó una película sobre las diferentes medidas que estaban tomando para reducir la contaminación y reciclar los materiales de desecho. Sin necesidad de cambiar sus estructuras al completo, estaban causando mucho menos daño al medioambiente.

La preocupación por la ecología crece cuando hay una difusión de la información adecuada y generalizada. La gente se está convenciendo paulatinamente de que la situación es seria y de que debemos cuidar de nuestro planeta. Me he dado cuenta de que, en algunos hoteles, ahora se nos pide que no malgastemos electricidad y agua. Este es un buen comienzo. De igual forma, los medios de comunicación tienen que hablar sobre la importancia del altruismo en todas las actividades humanas. Debemos hablar sobre esto una y otra vez, en los periódicos, en las películas, en la radio, en la televisión. Creo que hay muchos momentos para hacer esto. Los ámbitos de la medicina y de la ciencia deberían también apoyar la teoría del altruismo. Los ecologistas la apoyarán, al igual que el movimiento por la paz, siempre y cuando se mejoren los sistemas educativos para que los niños sean menos violentos. Entonces, incluso la fuerza policial cambiará y todo el mundo empezará gradualmente a pensar y actuar con más bondad, altruismo y compasión.

Extractos de “Imagine All the People: A conversation with the Dalai Lama on Money, Politics and Life as it Could Be”, Wisdom Publications, Boston, 1999.

Mariano Brito